sábado, 18 de agosto de 2018

Lamentaciones Presidiarias [Poema]


¿Cómo esperas a que yo esté inspirado?
Si soy un prisionero a medio tiempo,
Y me la paso con bestias cuadrúpedas;
¡Ellas se nutren de todo mi aliento!
(Me atrapan cuatro metálicas patas).

Llevan pelajes en tonos diversos
-Bueno, tal vez sean dos, solamente-:
Ocre; al igual que la mierda “sanita”,
O blanco; como la nieve, o tus huesos.
(Que se pudren en el trance del tedio).

Veo pasar todo el flujo del tiempo,
De sueños rotos, y doce años muertos.
De cuyos huesos, apenas vigentes,
Se hacen coronas, que iremos portando
Hasta que al fin, algún día, muramos.

Inspiración, dime dónde encontrarte.
No me respondas que en mi hambre y pobreza,
No me digas que en las plantas de mis pies,
Porque entonces ya me habré convertido
En un órgano excretor de palabras.

martes, 26 de junio de 2018

[Reseña Literaria] "El hombre ilustrado" de Ray Bradbury


Introducción:

De todos los sub-géneros derivados de la “literatura de ficción”, la ciencia ficción es uno de los más fascinantes para las masas. Y también, el más lucrativo. Siempre nos hemos deslumbrado imaginando futuros hipotéticos, pues no tenemos certeza de dónde irá a parar la humanidad. Nadie sabe qué será de nosotros. Eso nos aterra, y maravilla al mismo tiempo.

Talvez deba comenzar esta reseña aclarando que no soy muy fan de la ciencia ficción. De hecho, creo esta ha sido la primera obra del género que he leído en mi vida. No digo esto como excusa para hacer una reseña mediocre, por el contrario, creo que este libro es apto tanto para los devotos de este tipo de literatura, como para los recién iniciados. Pues en este caso, eso deja de ser importante.
 
Sí; este es un libro de ciencia ficción, y recoge las características que debe tener perteneciendo a ese género. Pero es una obra que se expande aún más allá del molde. Abarca mucho más de lo que uno puede imaginar –tal vez, demasiado-.

Acerca del autor:
 
Ray Douglas Bradbury fue un célebre escritor estadounidense nacido en 1920. Pasó gran parte de su juventud vendiendo periódicos, y simultáneamente, se instruyó de manera autodidacta para escribir sus primeros relatos. Influenciado por Edgar Allan Poe, Lovecraft, e incluso Shakespiare. Posteriormente nos pudo traer obras como Crónicas Marcianas (1950), Farenheit 451 (1953, ganadora del premio Hugo a mejor novela), y El Hombre Ilustrado (1951). Fue considerado por muchos como un visionario del género fantástico y de ciencia ficción.

miércoles, 2 de mayo de 2018

La distorción de la escencia educativa

Este es un artículo sustentado en el ensayo "Preguntas para una nueva educación" de William Ospina.(Link abajo)

Vivimos en una época acelerada. Exigimos soluciones prácticas, respuestas rápidas. La paciencia se convirtió en la virtud más menospreciada. Las modas son cada vez más fugaces, a veces, llegando a sobrevivir apenas un par de meses antes de ser reemplazada por otra. William Ospina lo sintetiza bien: “vivimos en una época que aceleradamente cambia costumbres por modas, conocimiento por información, y saberes por rumores”.
Esto está vinculado con que esta época, es convenientemente la cúspide de la información. O más bien dicho, la de una abismante sobrecarga, donde varias veces se filtra la información más inútil. Los medios nos arrinconan con novedades y noticias de “último momento”, el pasado pierde su importancia, o más bien, nos esmeramos en ignorarlo.
Ospina dice: “nunca había sido tan voluble nuestra información, tan frágil nuestro conocimiento, tan dudosa nuestra sabiduría”. Por culpa de esto, percibimos nuestra actualidad de manera distante, como espectadores sin mayor participación. Y lamentablemente, esto es a lo que el sistema educativo actual se ha estado inclinando, encarnando fielmente el mito de la caverna de Platón.
Otro punto a destacar de las fuentes de información actuales; son lo increíblemente accesibles e interactivas que se han vuelto. Y esto también afecta a la educación. Nosotros escogemos lo que queremos aprender, el internet y las redes sociales nos han entregado esa opción. El futuro es avasallador y las aulas obsoletas. Una porción de la culpa la tienen los estudiantes, pero aún más importante, es la culpabilidad del sistema educativo. En la escuela no se preocupan de culturizarnos, si no a enseñarnos cosas prácticas, a adaptarnos a esta época acelerada. Por eso, no es de extrañar que un alumno no se interese en una clase.
No solo se ha perdido el amor por educar, sino que también, se extinguió la pasión del estudiante por aprender. En los tiempos dorados de la academia de Atenas, de Platón, de Aristóteles, y otros brillantes filósofos, el conocimiento era un tesoro inconmensurable. Los que querían dedicarse a aprender y decorar su espíritu con las joyas del saber, eran personalidades dignas de respeto, pues sabían que el destino del mundo recaía en sus manos. ¿Qué causó que la llama de la sabiduría se apagara? ¿Será porque en esos tiempos la humanidad aún conservaba una inocencia que los impulsaba a buscar conocimiento? ¿O es la cultura moderna que pervierte las mentes de la juventud? Puede que sean ambas causas.
William Ospina lo dice de esta forma: “lo que gobierna en nuestra época es el deslumbramiento ante la astucia, la fascinación ante la extravagancia, el sometimiento ante los modelos de fama o la opulencia. Podemos admirar la elocuencia y ciertas formas de la belleza, pero admiramos más la fuerza que la lucidez...”. Y es innegable que esta cultura sí ha estado degenerando las nuevas generaciones con materialismo y banalidades. Los artistas que están de moda solo hablan de dinero, joyas, autos caros. Enseñan que está bien mirar por encima del hombro a tu prójimo, mientras estés es un escalón social más elevado que él. Sobre la devoción a la competencia y al consumo. Y está de más decir, que este modelo de frívola competitividad, también está reflejado en el sistema educativo actual.
La síntesis más lógica es que esta tendencia haya surgido junto con el nacimiento del capitalismo norteamericano. Y es totalmente cierto de que el capitalismo abarca todos los sistemas, incluyendo el educativo. Pero aquí se genera una contradicción lógica, pues el capitalismo predica sobre la libertad individual. Pero cuando todos los alumnos de un aula se ven forzados a seguir este sistema competitivo, a tener mejores calificaciones que los demás, y dejar de lado los hábitos sociales, los alumnos pierden su identidad. Nos convertimos en simples números con un mismo objetivo. Y esto no debería ser así, pues cada individuo tiene habilidades únicas, y cada joven tiene sus propios objetivos. Así se enseñaba en la academia original de Platón, y esa es la esencia pura de la educación. Hoy en día, vivimos en un sistema degenerado.
El sistema solo busca una practicidad mecánica, generando un pensamiento mecanizado y sumiso. Ese es el gran objetivo de la educación, el entretenimiento, y la comunicación. La televisión, que debería acoger esos tres elementos, es el gran cómplice de la distorsión educativa. “El propósito principal de la programación de televisión, por mucho contenido pedagógico que tenga, no es pedagógico sino comercial”, afirma Ospina.
Una educación idealista, es la que valora los talentos de cada estudiante. Una educación que se interesa más en culturizar, que en repetir fórmulas abstractas que carecen de sentido al enfrentarte con el mundo real. Creo que ya está más que claro como a fracasado el sistema educativo por memorización. Permitirles a los alumnos cultivarse a ellos mismos sin empujarlos hacia la competencia, o amenazarles con el fracaso, es la esencia de la academia original.
No se puede hacer nada pada detener este abismante cúmulo de información, pero podemos sacar provecho de él si somos lo suficientemente cuidadosos e inteligentes. Debemos abrirnos camino sobre un sistema interactivo y personalizado, pero para eso hay que romper varios moldes.
También hay que evitar la cultura basura, que se infiltra como un germen en las aulas. Que existan libros magníficos ensombrecidos por el burdo best seller de algún famosillo, es la evidencia de nuestro fracaso a nivel cultural.
Y lo más importante; debemos alejarnos de este pensamiento mecanizado que es alentado por la sociedad de consumo. Pues eso es lo que aleja al alumno de su propia pasión vocacional. “El oficio que escojamos deben ser nuestro goce en la tierra”, dijo William Ospina de manera muy acertada.
El hambre por conocimiento es lo que nos hace grandes a los humanos. Y si perdemos eso, es porque perdimos nuestro espíritu.

Link para leer el ensayo de William Ospina: http://www.ugca.edu.co/files/centro_etica/reflexiones/Reflexion_03.pdf

domingo, 22 de abril de 2018

Hiatus Cómic [El Declive]

Hola. Tranquilos, esto no es otra entrada de un ensayo hecho a medias, o de algún aburrido artículo de opinión. Solo pasaba a avisar que mi cómic "El Declive", publicado a través de la página Tapastic, quedará en un Hiatus indefinido.












Esto debido a que estoy escribiendo los guiones de los capítulos siguientes -que honestamente ya los debía tener listos antes de publicarlo, ¡Maldíto yo del pasado! ¿Porqué eres tan impaciente?-.
Si no saben que tenía un cómic, y quieren pasar a leerlo, aquí tienen el link de la página:
Eso era todo lo que quería decir -o escribir (?)-. Gracias por su atención y paciencia :) 

sábado, 10 de marzo de 2018

[Ensayo] Variación de las responsabilidades ciudadanas según el contexto social

El hombre, por naturaleza, necesita de la comunicación y ayuda de los demás. Aunque a muchos les incomode admitirlo; exigimos un líder que nos guíe, y nos sometemos bajo el yugo de un sistema. Claro que existen casos aislados; individuos que están satisfechos nada más que con su propia compañía, pero deben bajar la mirada ante la abismante sociedad que nosotros mismos hemos construido.

Nosotros creamos las constituciones, las leyes y la economía. Los castigos para quienes ponen en riesgo nuestro sistema, y los premios para quienes aportan en ésta. Lo que es comúnmente conocido como “el ejercer ciudadano” varía según la percepción de cada país, de cada civilización. Ahora nos parece algo abismante las diferencias culturales que pueden existir entre nuestra nación y una muy alejada, pongamos a la justicia como ejemplo: ¿Un juez occidental vería el Sharia -o ley islámica- como algo justo, donde a un ladrón se le corta la mano y se le castiga a un homosexual?, es algo muy improbable. Pero en algún momento de nuestra evolución, debió existir el punto muerto en donde las leyes y responsabilidades abandonaron su subjetividad y se transformaron en algo universal.

Ahí es cuando las teorías de la evolución socio-cultural entran en el juego. El libro “Una herencia incómoda” de Nicholas Wade toca muy bien este tema. Afirma que: “La sociabilidad también está grabada en nuestros circuitos neurales (...) Entre estos se cuenta una tendencia a seguir las normas y un impulso a castigar a los demás cuando no las hacen...”

Photo by Mike Chai from Pexels https://www.pexels.com/photo/time-lapse-photography-of-people-walking-on-pedestrian-lane-842339/ 

miércoles, 24 de enero de 2018

Insomnio

Escrito a las 7:30 a.m, después de un día sin dormir:

Sigo despierto, en las horas donde todo parece disolverse. Es como si el dulce sentimiento de somnolencia hubiese abandonado mi cuerpo, y tal vez se mudó al de un recién nacido, o al de un cachorrito, o alguna especie de molusco de la Africa subsahariana. El punto es que esto es malo, y estoy consciente del sufrimiento que me espera, cuando este reloj en mi muñeca marque las 8 de la mañana.
Las aves cantan al otro lado de mi ventana, burlándose de mí, presumiendo del cómodo dormir que tuvieron. El cielo está hermoso, con sus acuarelas celestes y anaranjadas. Pero yo soy un desastre.
Estoy sudando como un puerco. Tal vez lo sea. Y en realidad ESTO es el sueño, mi último sueño antes de acabar en el matadero. Un sueño metafísico obsequiado por la voluntad de dios.
Las voces no me dejan dormir. No, no es esquizofrenia, es algo que va mucho más allá. Son las voces de la ansiedad, repitiendo una sola frase, como ese horrible cuervo del cuento de Edgar Allan Poe. Me dicen: “Estas perdiendo el tiempo”.
Y es que mi alma está inquieta con todas estas cosas que no pude hacer durante el día. “Estoy perdiendo el tiempo”, como ahora mismo, escribiendo esta porquería, en una pantalla que transporta a mundos inexistentes, en una habitación inexistente, dentro de una realidad inexistente.
El bostezo no parece tener intención de salir de mis pulmones, eso sin duda significa que me estoy muriendo. Así que al parecer, ahora esto es mi último testamento.
Quiero que me cremen, y esparzan mis cenizas en el altiplano peruano. Para así convertirme en el viento, y hacerme amigo del águila.

martes, 22 de agosto de 2017

¿Qué soy yo?

¿Qué soy yo?
Un tonto, un muñeco, un bufón.
Un pepino, un acróbata fantasma, un boxeador de barro, un artista de papel.
Siempre destruyéndome a mí mismo, y volviendo a reconstruirme.
Siempre regocijándome en mi pasado, haciendo de mi dolor un fetiche.
¿Sigo siendo un iluso si estoy consciente de ello? ¿Acaso estoy loco por querer estar internado?
Soy un fruto inmaduro, ácido e incoloro, pendiendo en un árbol que no me pertenece.
Esperando con ansias, alegría y temor el día que me toque caer de esta rama pusilánime.
Pero sigo siendo joven... puedo darme el placer de escapar un rato de este mundo, sin que me consideren un loco.
Sumergirme en los cálidos brazos de un libro, robarle el alma a un recuerdo para poder morir por un rato.

Fundir el amor con el placer, contrastar la alegría y el dolor.