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domingo, 4 de octubre de 2020

El resurgimiento del anarquismo en Chile dentro de las calles y las redes sociales.

Es uno de los movimientos políticos más polémicos. Sus adherentes a menudo son percibidos como violentistas y extremos. Últimamente buscan marcar territorio dentro de las manifestaciones sociales más recientes. Mientras tanto, han surgido nuevas agrupaciones como “Criptorebeldía”, cuyos miembros utilizan el internet como una herramienta política, apuntando a un público joven.


 

“Las ideologías llevan inevitablemente a la decepción, porque tienden a lo perfecto, que luego el contacto con la vida real hace imposible”; Enrique Galván, socialista español.

En términos teóricos, ha sido una de las ideologías más acusadas por pecar de “demasiado utópica”. En el terreno de la percepción pública, cuenta con una larga tradición de ser considerada violentista. 

Sin embargo, el anarquismo continúa sobreviviendo en el mundo, y en términos más específicos, en Chile. Difícilmente se puede aseverar que alguna vez haya estado en la vanguardia de nuestro establishment político, pero ha entrado en periodos de mayor o menor vigencia a lo largo de nuestra historia.

En la dictadura de Pinochet, por ejemplo, apenas tuvo una militancia activa, debido a la represión que se les aplicó a todos los sectores de izquierda. “El anarquismo entró en una fase de declinación que recién comienza a superar con la juventud criada durante la dictadura militar y desarrollada bajo el gobierno de la Concertación”, explicó Luis Vitale en su ensayo Contribución a una historia del anarquismo en América Latina. 

miércoles, 2 de mayo de 2018

La distorción de la escencia educativa

Este es un artículo sustentado en el ensayo "Preguntas para una nueva educación" de William Ospina.(Link abajo)

Vivimos en una época acelerada. Exigimos soluciones prácticas, respuestas rápidas. La paciencia se convirtió en la virtud más menospreciada. Las modas son cada vez más fugaces, a veces, llegando a sobrevivir apenas un par de meses antes de ser reemplazada por otra. William Ospina lo sintetiza bien: “vivimos en una época que aceleradamente cambia costumbres por modas, conocimiento por información, y saberes por rumores”.
Esto está vinculado con que esta época, es convenientemente la cúspide de la información. O más bien dicho, la de una abismante sobrecarga, donde varias veces se filtra la información más inútil. Los medios nos arrinconan con novedades y noticias de “último momento”, el pasado pierde su importancia, o más bien, nos esmeramos en ignorarlo.
Ospina dice: “nunca había sido tan voluble nuestra información, tan frágil nuestro conocimiento, tan dudosa nuestra sabiduría”. Por culpa de esto, percibimos nuestra actualidad de manera distante, como espectadores sin mayor participación. Y lamentablemente, esto es a lo que el sistema educativo actual se ha estado inclinando, encarnando fielmente el mito de la caverna de Platón.
Otro punto a destacar de las fuentes de información actuales; son lo increíblemente accesibles e interactivas que se han vuelto. Y esto también afecta a la educación. Nosotros escogemos lo que queremos aprender, el internet y las redes sociales nos han entregado esa opción. El futuro es avasallador y las aulas obsoletas. Una porción de la culpa la tienen los estudiantes, pero aún más importante, es la culpabilidad del sistema educativo. En la escuela no se preocupan de culturizarnos, si no a enseñarnos cosas prácticas, a adaptarnos a esta época acelerada. Por eso, no es de extrañar que un alumno no se interese en una clase.
No solo se ha perdido el amor por educar, sino que también, se extinguió la pasión del estudiante por aprender. En los tiempos dorados de la academia de Atenas, de Platón, de Aristóteles, y otros brillantes filósofos, el conocimiento era un tesoro inconmensurable. Los que querían dedicarse a aprender y decorar su espíritu con las joyas del saber, eran personalidades dignas de respeto, pues sabían que el destino del mundo recaía en sus manos. ¿Qué causó que la llama de la sabiduría se apagara? ¿Será porque en esos tiempos la humanidad aún conservaba una inocencia que los impulsaba a buscar conocimiento? ¿O es la cultura moderna que pervierte las mentes de la juventud? Puede que sean ambas causas.
William Ospina lo dice de esta forma: “lo que gobierna en nuestra época es el deslumbramiento ante la astucia, la fascinación ante la extravagancia, el sometimiento ante los modelos de fama o la opulencia. Podemos admirar la elocuencia y ciertas formas de la belleza, pero admiramos más la fuerza que la lucidez...”. Y es innegable que esta cultura sí ha estado degenerando las nuevas generaciones con materialismo y banalidades. Los artistas que están de moda solo hablan de dinero, joyas, autos caros. Enseñan que está bien mirar por encima del hombro a tu prójimo, mientras estés es un escalón social más elevado que él. Sobre la devoción a la competencia y al consumo. Y está de más decir, que este modelo de frívola competitividad, también está reflejado en el sistema educativo actual.
La síntesis más lógica es que esta tendencia haya surgido junto con el nacimiento del capitalismo norteamericano. Y es totalmente cierto de que el capitalismo abarca todos los sistemas, incluyendo el educativo. Pero aquí se genera una contradicción lógica, pues el capitalismo predica sobre la libertad individual. Pero cuando todos los alumnos de un aula se ven forzados a seguir este sistema competitivo, a tener mejores calificaciones que los demás, y dejar de lado los hábitos sociales, los alumnos pierden su identidad. Nos convertimos en simples números con un mismo objetivo. Y esto no debería ser así, pues cada individuo tiene habilidades únicas, y cada joven tiene sus propios objetivos. Así se enseñaba en la academia original de Platón, y esa es la esencia pura de la educación. Hoy en día, vivimos en un sistema degenerado.
El sistema solo busca una practicidad mecánica, generando un pensamiento mecanizado y sumiso. Ese es el gran objetivo de la educación, el entretenimiento, y la comunicación. La televisión, que debería acoger esos tres elementos, es el gran cómplice de la distorsión educativa. “El propósito principal de la programación de televisión, por mucho contenido pedagógico que tenga, no es pedagógico sino comercial”, afirma Ospina.
Una educación idealista, es la que valora los talentos de cada estudiante. Una educación que se interesa más en culturizar, que en repetir fórmulas abstractas que carecen de sentido al enfrentarte con el mundo real. Creo que ya está más que claro como a fracasado el sistema educativo por memorización. Permitirles a los alumnos cultivarse a ellos mismos sin empujarlos hacia la competencia, o amenazarles con el fracaso, es la esencia de la academia original.
No se puede hacer nada pada detener este abismante cúmulo de información, pero podemos sacar provecho de él si somos lo suficientemente cuidadosos e inteligentes. Debemos abrirnos camino sobre un sistema interactivo y personalizado, pero para eso hay que romper varios moldes.
También hay que evitar la cultura basura, que se infiltra como un germen en las aulas. Que existan libros magníficos ensombrecidos por el burdo best seller de algún famosillo, es la evidencia de nuestro fracaso a nivel cultural.
Y lo más importante; debemos alejarnos de este pensamiento mecanizado que es alentado por la sociedad de consumo. Pues eso es lo que aleja al alumno de su propia pasión vocacional. “El oficio que escojamos deben ser nuestro goce en la tierra”, dijo William Ospina de manera muy acertada.
El hambre por conocimiento es lo que nos hace grandes a los humanos. Y si perdemos eso, es porque perdimos nuestro espíritu.

Link para leer el ensayo de William Ospina: http://www.ugca.edu.co/files/centro_etica/reflexiones/Reflexion_03.pdf

jueves, 30 de junio de 2016

¿Existe la libertad?

Exactamente lo que el titulo plantea, llega un momento en nuestras vidas en donde nos cuestionamos: "¿De verdad me gusta mi forma de vivir?", y ahí es cuando uno dice: "Tengo libertad de vivir como yo quiera ¿cierto?"
¿Existirá la libertad realmente? ¿o solo es una palabra bonita?, pues dependiendo del entorno social, cultural y económico en donde nazcamos, antes de siquiera poder haber desarrollado un criterio propio seguramente ya nos habrán marcado con una religión, un estatus o un país que no necesariamente nos guste, pero aún así debemos bajar la mirada y conformarnos como perros obedientes. "Es lo que me tocó ¿Que se le puede hacer?"
Desde que nacemos hasta que morimos, primero debemos obedecer a nuestros padres, luego a nuestros profesores, después a nuestro jefe, nuestro jefe al jefe suyo, y así sucesivamente.