domingo, 7 de octubre de 2018

Análisis película "Relatos salvajes" de Damián Szifron


Esta película se segmenta en varias historias –seis en total-, cuyo nexo es el enfoque irónico hacia lo frágil que es la racionalidad humana, una crítica al mecanismo social y las instituciones de poder. Entre ellas están la familia, el matrimonio, la cárcel, la justicia, etc.
Todo es tomado desde una mirada ácida y cargada de humor negro. Se deja al desnudo la depravación humana, y hasta qué punto puede caer la moralidad cuando se pierde el aparente control que poseemos como especie. Es un filme tenaz, lleno de metáforas y críticas sociales. Por ejemplo, en un fragmento de la primera historia; “Pasternak”. La miserable situación del sujeto es representada por la fotografía que sostiene Isabel en una revista de animales; varios depredadores (tigres) acechando a una presa indefensa. Posteriormente, la situación da un giro inesperado, y Pasternak, quien fue despreciado y rechazado por su entorno, se convertiría en el nuevo depredador.
El argumento de esta primera historia forma parte una polémica. El 24 de marzo del 2015, un copiloto de la aerolínea Alemana “Germanwings” hizo que se estrellara un avión en los Alpes, de una forma bastante parecida a la que se muestra en la película.
El quinto episodio es uno de los más dramáticos. Trata de un joven de clase alta, que tras haber consumido alcohol, atropella a una mujer embarazada, y la mata. A partir de eso, su familia intenta ocultar el horrible crimen de su hijo, disfrazando a su jardinero como culpable. Este cuento apunta claramente a la institución de la justicia. Critica de manera certera a la corrupción que existe en esa área, como el dinero puede imperar sobre un tribunal, y lo fácil que es ocultarle la verdad al mundo entero.
Casos como ese no son raros en Latinoamérica. Pero viéndolo desde una perspectiva aún más específica, es una historia que ya ha ocurrido en Chile: Un 18 de septiembre del 2013, un hombre de 39 años fue atropellado por el hijo del ex presidente de “Renovación Nacional” Carlos Larraín. A pesar de la muerte de ese hombre, y que el joven se haya dado a la fuga, fue absuelto de todos los cargos, y se encuentra libre en la actualidad. Demostrando una vez más que la justicia es un bien que le pertenece a los ricos.
Esta película deja constancia de nuestros instintos más viles. Da a entender que el salvajismo sigue existiendo de forma latente en el interior de los humanos, por más que intentemos maquillarlo con capas de racionalidad.


lunes, 3 de septiembre de 2018

[Microcuento] "Arriba"


En el futuro, mis hijos me preguntarán: “¿Qué hay allá arriba?”. Y yo, con un periódico en una mano, y una taza de café en la otra, les responderé:
-Lamento decepcionarlos, pero no tengo la capacidad física de alzar el mentón. Aunque veo con total claridad el reflejo de las baldosas en el suelo. Les puedo decir que hay miles de engranajes oxidados sobrevolando mi cabeza, como un enjambre de moscas hambrientas.
-¿Y más allá? –insistirán ellos.
-Más allá está Dios; burlándose de nosotros con un gesto obsceno.

sábado, 18 de agosto de 2018

Lamentaciones Presidiarias [Poema]


¿Cómo esperas a que yo esté inspirado?
Si soy un prisionero a medio tiempo,
Y me la paso con bestias cuadrúpedas;
¡Ellas se nutren de todo mi aliento!
(Me atrapan cuatro metálicas patas).

Llevan pelajes en tonos diversos
-Bueno, tal vez sean dos, solamente-:
Ocre; al igual que la mierda “sanita”,
O blanco; como la nieve, o tus huesos.
(Que se pudren en el trance del tedio).

Veo pasar todo el flujo del tiempo,
De sueños rotos, y doce años muertos.
De cuyos huesos, apenas vigentes,
Se hacen coronas, que iremos portando
Hasta que al fin, algún día, muramos.

Inspiración, dime dónde encontrarte.
No me respondas que en mi hambre y pobreza,
No me digas que en las plantas de mis pies,
Porque entonces ya me habré convertido
En un órgano excretor de palabras.

martes, 26 de junio de 2018

[Reseña Literaria] "El hombre ilustrado" de Ray Bradbury


Introducción:

De todos los sub-géneros derivados de la “literatura de ficción”, la ciencia ficción es uno de los más fascinantes para las masas. Y también, el más lucrativo. Siempre nos hemos deslumbrado imaginando futuros hipotéticos, pues no tenemos certeza de dónde irá a parar la humanidad. Nadie sabe qué será de nosotros. Eso nos aterra, y maravilla al mismo tiempo.

Talvez deba comenzar esta reseña aclarando que no soy muy fan de la ciencia ficción. De hecho, creo esta ha sido la primera obra del género que he leído en mi vida. No digo esto como excusa para hacer una reseña mediocre, por el contrario, creo que este libro es apto tanto para los devotos de este tipo de literatura, como para los recién iniciados. Pues en este caso, eso deja de ser importante.
 
Sí; este es un libro de ciencia ficción, y recoge las características que debe tener perteneciendo a ese género. Pero es una obra que se expande aún más allá del molde. Abarca mucho más de lo que uno puede imaginar –tal vez, demasiado-.

Acerca del autor:
 
Ray Douglas Bradbury fue un célebre escritor estadounidense nacido en 1920. Pasó gran parte de su juventud vendiendo periódicos, y simultáneamente, se instruyó de manera autodidacta para escribir sus primeros relatos. Influenciado por Edgar Allan Poe, Lovecraft, e incluso Shakespiare. Posteriormente nos pudo traer obras como Crónicas Marcianas (1950), Farenheit 451 (1953, ganadora del premio Hugo a mejor novela), y El Hombre Ilustrado (1951). Fue considerado por muchos como un visionario del género fantástico y de ciencia ficción.

miércoles, 2 de mayo de 2018

La distorción de la escencia educativa

Este es un artículo sustentado en el ensayo "Preguntas para una nueva educación" de William Ospina.(Link abajo)

Vivimos en una época acelerada. Exigimos soluciones prácticas, respuestas rápidas. La paciencia se convirtió en la virtud más menospreciada. Las modas son cada vez más fugaces, a veces, llegando a sobrevivir apenas un par de meses antes de ser reemplazada por otra. William Ospina lo sintetiza bien: “vivimos en una época que aceleradamente cambia costumbres por modas, conocimiento por información, y saberes por rumores”.
Esto está vinculado con que esta época, es convenientemente la cúspide de la información. O más bien dicho, la de una abismante sobrecarga, donde varias veces se filtra la información más inútil. Los medios nos arrinconan con novedades y noticias de “último momento”, el pasado pierde su importancia, o más bien, nos esmeramos en ignorarlo.
Ospina dice: “nunca había sido tan voluble nuestra información, tan frágil nuestro conocimiento, tan dudosa nuestra sabiduría”. Por culpa de esto, percibimos nuestra actualidad de manera distante, como espectadores sin mayor participación. Y lamentablemente, esto es a lo que el sistema educativo actual se ha estado inclinando, encarnando fielmente el mito de la caverna de Platón.
Otro punto a destacar de las fuentes de información actuales; son lo increíblemente accesibles e interactivas que se han vuelto. Y esto también afecta a la educación. Nosotros escogemos lo que queremos aprender, el internet y las redes sociales nos han entregado esa opción. El futuro es avasallador y las aulas obsoletas. Una porción de la culpa la tienen los estudiantes, pero aún más importante, es la culpabilidad del sistema educativo. En la escuela no se preocupan de culturizarnos, si no a enseñarnos cosas prácticas, a adaptarnos a esta época acelerada. Por eso, no es de extrañar que un alumno no se interese en una clase.
No solo se ha perdido el amor por educar, sino que también, se extinguió la pasión del estudiante por aprender. En los tiempos dorados de la academia de Atenas, de Platón, de Aristóteles, y otros brillantes filósofos, el conocimiento era un tesoro inconmensurable. Los que querían dedicarse a aprender y decorar su espíritu con las joyas del saber, eran personalidades dignas de respeto, pues sabían que el destino del mundo recaía en sus manos. ¿Qué causó que la llama de la sabiduría se apagara? ¿Será porque en esos tiempos la humanidad aún conservaba una inocencia que los impulsaba a buscar conocimiento? ¿O es la cultura moderna que pervierte las mentes de la juventud? Puede que sean ambas causas.
William Ospina lo dice de esta forma: “lo que gobierna en nuestra época es el deslumbramiento ante la astucia, la fascinación ante la extravagancia, el sometimiento ante los modelos de fama o la opulencia. Podemos admirar la elocuencia y ciertas formas de la belleza, pero admiramos más la fuerza que la lucidez...”. Y es innegable que esta cultura sí ha estado degenerando las nuevas generaciones con materialismo y banalidades. Los artistas que están de moda solo hablan de dinero, joyas, autos caros. Enseñan que está bien mirar por encima del hombro a tu prójimo, mientras estés es un escalón social más elevado que él. Sobre la devoción a la competencia y al consumo. Y está de más decir, que este modelo de frívola competitividad, también está reflejado en el sistema educativo actual.
La síntesis más lógica es que esta tendencia haya surgido junto con el nacimiento del capitalismo norteamericano. Y es totalmente cierto de que el capitalismo abarca todos los sistemas, incluyendo el educativo. Pero aquí se genera una contradicción lógica, pues el capitalismo predica sobre la libertad individual. Pero cuando todos los alumnos de un aula se ven forzados a seguir este sistema competitivo, a tener mejores calificaciones que los demás, y dejar de lado los hábitos sociales, los alumnos pierden su identidad. Nos convertimos en simples números con un mismo objetivo. Y esto no debería ser así, pues cada individuo tiene habilidades únicas, y cada joven tiene sus propios objetivos. Así se enseñaba en la academia original de Platón, y esa es la esencia pura de la educación. Hoy en día, vivimos en un sistema degenerado.
El sistema solo busca una practicidad mecánica, generando un pensamiento mecanizado y sumiso. Ese es el gran objetivo de la educación, el entretenimiento, y la comunicación. La televisión, que debería acoger esos tres elementos, es el gran cómplice de la distorsión educativa. “El propósito principal de la programación de televisión, por mucho contenido pedagógico que tenga, no es pedagógico sino comercial”, afirma Ospina.
Una educación idealista, es la que valora los talentos de cada estudiante. Una educación que se interesa más en culturizar, que en repetir fórmulas abstractas que carecen de sentido al enfrentarte con el mundo real. Creo que ya está más que claro como a fracasado el sistema educativo por memorización. Permitirles a los alumnos cultivarse a ellos mismos sin empujarlos hacia la competencia, o amenazarles con el fracaso, es la esencia de la academia original.
No se puede hacer nada pada detener este abismante cúmulo de información, pero podemos sacar provecho de él si somos lo suficientemente cuidadosos e inteligentes. Debemos abrirnos camino sobre un sistema interactivo y personalizado, pero para eso hay que romper varios moldes.
También hay que evitar la cultura basura, que se infiltra como un germen en las aulas. Que existan libros magníficos ensombrecidos por el burdo best seller de algún famosillo, es la evidencia de nuestro fracaso a nivel cultural.
Y lo más importante; debemos alejarnos de este pensamiento mecanizado que es alentado por la sociedad de consumo. Pues eso es lo que aleja al alumno de su propia pasión vocacional. “El oficio que escojamos deben ser nuestro goce en la tierra”, dijo William Ospina de manera muy acertada.
El hambre por conocimiento es lo que nos hace grandes a los humanos. Y si perdemos eso, es porque perdimos nuestro espíritu.

Link para leer el ensayo de William Ospina: http://www.ugca.edu.co/files/centro_etica/reflexiones/Reflexion_03.pdf