La tensión que se ha incubado en la esfera política desde el “Estallido social” de octubre del 2019, hasta la actual crisis sanitaria por la pandemia del Covid-19, se ve reflejada en la falta de diálogo y acuerdos entre sus actores, siendo que los momentos críticos -como el actual- son los que más requieren de estas propiedades dialécticas, si es que se desea conducir a una “armonía” que, por lo menos, intente encontrar soluciones. Esto de ninguna forma debe significar el abandono absoluto del rebatimiento de posiciones. Como establece el estoicismo, “Los conceptos de «lucha» y «armonía» son inseparables. Para el filósofo Marco Aurelio, la realidad es unión de contrarios, tensión y conflicto”[1]. El problema es cuando la tensión crece sin una armonía que le sirva de contrapeso.
Tensiones
como las que se pueden apreciar entre el presidente y el Parlamento cuando, un
lunes 22 de junio del 2020, Piñera anunció una convocación de expertos para
analizar modificaciones a cómo el Parlamento determina las leyes que son
consideradas inadmisibles. Esto se realizó justo cinco días después de que
Gobierno y oposición sellaran el acuerdo para el plan de emergencia, dando un
atisbo de esperanza al establecimiento de un diálogo constructivo.

